¿PUEDE EL ESTADO SER ETICO?

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Autor: Freddy Javier Álvarez González 
 

Preámbulo

¿Qué sentidos filosóficos puede tener dicha  pregunta? Pueden ser tres:

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    1. la ética es el caleidoscopio contemporáneo  con el que se observa  hoy la política.
    2. El estado es el observado bajo el trasfondo del discurso neoliberal que soñó con su desaparición
    3. Un estado ético vale la pena

El primer sentido, la ética es el caleidoscopio contemporáneo con el  que se observa hoy la política. Sin duda que la ética ha ocupado las primeras planas del cotidiano de la reflexión en los últimos años. Aparentemente la política moderna renunció a la política porque se fijó en la eficacia, la conservación del poder y los resultados, desde Maquiavelo. Dicha interpretación suele ser contundente porque está acompañada por algunos fenómenos como la corrupción. La corrupción ha sido el gran escándalo de la actual administración pública.

La mirada a la administración pública absolvía el campo de lo privado, siguiendo la división clásica de la Modernidad. Pero en realidad que pasaba mientras tanto en el mundo privado. Lo privado se adueñaba de lo público. La corrupción que atravesaba a lo público venía desde la fuente de lo privado. Lo público fue su espacio preferido y paradójicamente será desde este lugar donde se intentará salvar la vida de lo privado. Entonces pensamos que el problema era ético. Hacía falta una ética en el sector público y en general una ética en la economía.

 

De pronto, nos dimos cuenta que la ética se nos había perdido al mismo tiempo que constatábamos que la política era el campo de la corrupción. Ser político ya no gozaba de buena reputación. El discurso ético creció mientras la política aparentaba desvanecerse.

El discurso ético adquirió unas connotaciones inesperadas. La ética se convirtió en una trinchera de crítica sin pretensiones políticas. Las salas se llenaron de personas de clases altas que tenían “vergüenza ajena”. Había que luchar por el honor, la dignidad y la contra vergüenza generada por el quehacer político. La ética tenía alcances políticos con sus guantes aparentemente apolíticos: servía para des-legitimar gobiernos, criticar administraciones, tumbar presidentes. Movimientos por la honestidad surgieron en toda América Latina, muchos de ellos bajo una ingenuidad sorprendente porque ellos pudieron devenir honestos sin ser éticos, o tener cuentas claras sin que la justicia  fuera el núcleo central de la política.

Pero ¿qué pensar de una política que comienza a ser enjuiciada desde  la ética? Para los fieles pensadores marxistas- leninistas, se trataba de una como diría Badiou, o de la suspensión de la política como lo afirma Zizek.  de-sustancialización de la política

La política perdió su sustancia, porque el sujeto político del siglo XX –los partidos políticos- entró en crisis, afirma Badiou en su texto ¿Se puede pensar la política? Hablar de izquierda y derecha no tiene mayor sentido. Las derechas convirtieron a la política en un asunto propio de la economía. Había necesidad de un nuevo sujeto político y éste no tiene que ser necesariamente el movimiento por la honestidad de la política. La ética era una consecuencia no de la ausencia de la política sino de la pérdida de su rumbo. 

La suspensión de la política por la centralidad ética convirtió el goce en un factor político. La ética es una manera de favorecer los derechos y las políticas multi-culturalistas. Así, se puede ser muy ético mientras las condiciones de la hegemonía se arraigan con mayor profundidad entre los pueblos; se puede dialogar para seguir con la globalización; se puede aplicar el género, las políticas multiculturales y de tolerancia mientras las condiciones del funcionamiento del capitalismo siguen intactas. La ética no es más que la consecuencia de la des-gravitación de la realidad, es como tomar café sin cafeína, hacer la guerra sin víctimas o tener sexo sin sexo. Tenemos necesidad de la ética para evadir las grandes desgracias que provoca la política. En cierta forma, caímos en la política correcta.  Citaré una conversación que escuché una ocasión en un bus de Ecuador. Se encuentran por casualidad al final del día un manifestante contra las políticas de ajuste del FMI  con un policía antimotines. El policía le pregunta: ¿van a venir mañana a seguir protestando? El estudiante le contesta, “…lo más seguro es que sí”. El policía replica: ¿por qué no descansamos mañana, juega la selección?”. Dicha conversación se refiere a los diversos mecanismos que existen en la política para institucionalizar la revuelta que es la forma más sutil y eficiente para obtener el efecto más perverso de la criminalización de la protesta. Es parecida a la imagen del policía en Johannesburgo persiguiendo a una manifestación contra el apartheid y en un momento que una señora pierde uno de sus zapatos, éste se le acerca, le devuelve  el zapato y deja que la señora se aleje un poco para continuar con la represión. La política correcta sigue triunfando mientras las condiciones de muerte se agudizan.

En suma, soñar con un mundo más ético es enterrar la política. Dejar las cosas como están. En consecuencia, la pregunta sobre si el estado puede ser más ético es igual a las intenciones de despolitizar el estado,  lo cual conlleva a la destrucción de toda forma de resistencia. Aspiramos a que las instituciones no se muevan por intereses políticos, no sean clientelistas logrando el fin del Estado.  

El segundo sentido, el estado es observado. Un Estado acostumbrado a, controlarlo todo, a reprimir y ser el instrumento del  colonialismo, es ahora el observado. Desde allí se ha querido cambiar a la población y ejercer las políticas; ahora está llamado a sentarse en el banquillo de los acusados. Por fin podemos cambiar la obscenidad en la que vive el Estado. El Estado tiene necesidad de cambiar. ¿Es cierta esta invitación? ¿No es una ilusión intentar cambiar el Estado?

Cambiar al Estado por la vía de la ética es la mejor vía para arribar al sueño compartido entre los neoliberales, marxistas y anarquistas: la desaparición del Estado. Cambiar el Estado porque este no funciona es una mirada que se puede tener desde fuera, sin embargo, desde dentro podemos tener la sensación de que funciona muy bien. Una pregunta indispensable es: ¿se puede cambiar la gran máquina? y ¿cómo cambiarla?

Una de las cosas que llama la atención es que aparentemente el Estado está dispuesto a cambiar la palabra control por gestión, pues tenemos que ser positivos y tener acciones afirmativas. Sin embargo, el Estado nunca abandona el control, incluso el significante de la ética significa control y autocontrol. En este punto se encuentra la izquierda con la derecha, aunque difieran porque para unos el saqueo ha sido hecho por los de afuera, para otros por los de adentro, para otros los de afuera pero con ayuda de las élites de adentro.

En todo caso, la palabra ética  implica la interiorización del control junto con la instrumentación de la cibernética. La transparencia es el software. Podemos participar en determinar si una institución es ética o no, por medio de la tecnología. Hace pocos días llegué a un banco para retirar una tarjeta de crédito que me ofrecieron sin ni siquiera pedirla, justo en medio de la crisis financiera, como si la salida fuera arruinarte hasta el extremo al mismo tiempo que se arruina la banca mundial, o mejor, arruinarte para que no se arruine la banca mundial. El gesto ético es la posibilidad de hacer un juicio al funcionario después del servicio. Por supuesto, todo funciona perfectamente, las relaciones son amigables, ágiles, con una sonrisa, pero en medio el sistema de explotación opera perfectamente, sin muchos rodeos, de manera implacable. No hay duda que el juicio en este caso es ilusorio pues se supone que el otro enjuiciado no puede ver y está obligado a sonreír. El otro es el infierno sartreano, desde que somos clientes. Los juicio éticos a los servidores públicos o privados, son la mejor manera de evadir un asunto estructural convirtiéndolo en un problema de relacionamiento. Para finalizar con el anécdota, no recibí la tarjeta y coloque en el sistema virtual que el servicio era excelente.

En política internacional también nos enfrentamos con las trampas de la ética. El electo presidente Obama dice que no firmara el TLC porque en Colombia mueren sindicalistas y no hay responsables. Las Fuerzas Armadas de Colombia están metidas en un escándalo internacional porque se comprobó de sus  prácticas de ejecuciones extrajudiciales. Esto siempre ha ocurrido, la pregunta es ¿por qué se visibiliza hoy una situación tal? Dentro del ejército colombiano se les pide resultados positivos para que no sean dados de baja y para ganar unos pesos más. Entonces desaparecen ciudadanos comunes y corrientes y los hacen aparecer como caídos en combate. La política de los resultados obtiene lo que busca: resultados. El presidente Correa también pide resultados a sus ministros con un liderazgo prepotente y autoritario. Los resultados son lo importante. Nadie se pregunta sobre el absurdo de aumentar el empleo en zonas de frontera en las que desde décadas las personas viven del cultivo de la coca. La política de los resultados es algo en lo que uno termina demostrando lo indemostrable. En este caso la política es un puro maquillaje. Sin duda, los resultados ligados a las políticas éticas, aumentan la beneficencia y los planes del espectáculo.

¿Puede existir un Estado ético? ¿Se puede aprender la ética pasando por encima la moral de la institucionalidad pública? ¿Qué pasa con la moral existente en las relaciones institucionales?  Además, ¿podemos hacer el cambio sin preguntarnos por sus prácticas de poder, sus culturas enquistadas y sus representaciones?

El estado ha sido creado por pequeños compartimentos que operan con la división de trabajo que propone Adam Smith en la Riqueza de las Naciones. El Estado es una maquinaria de tinte capitalista que heredó algunos trazos de la Edad Media. Unos deciden, otros transfieren y la mayoría aplica. Es un modelo expandido por toda la institucionalidad, máquinas de poder, con sus propios flujos, excrementos y fluidos internos.

El estado genera al burócrata, uno de los personajes más obscenos de nuestra cotidianidad, alguien amparado por leyes y reglas para hacer lo que más anhela: no hacer nada pues es incapaz de hacer la nada. Pasa su tiempo demostrando que hace algo, es decir, emplea más su tiempo en demostrar su trabajo y por eso no trabaja.

El Estado es la maquinaria del colonialismo dicen los poscoloniales. Ella logro acentuar las condiciones de la superioridad inferioridad, en las condiciones actuales del desarrollo y subdesarrollo. No hay lucha de clases, lo que hay es lucha de razas. Cambiar el Estado es facilitar que otros mundos sean posibles destruyendo, de esta manera, el antagonismo radical.

Muchos han soñado con la desaparición del Estado, hasta Marx. No tiene por qué existir una maquinaria como tal. Los neoliberales la vieron como la maquina que les impedía su goce, el estado no tenia por qué regularlos, ellos podían auto-regularse. El Estado impedía disfrutar del máximo de las gratificaciones que busca la globalización como dice el filósofo Jacques Poulain. Pero así como se goza sin estado, se goza dentro de él. 

Hoy el Estado parece haber superado sus contradicciones pasando de un Estado de Derecho a un Estado de Derechos. Pero ¿qué es un Estado de derechos? Es el arribo al sueño de los sueños. Tenemos la ilusión de haber llegado a una de las instituciones que si bien antes violaba los derechos, ahora es la maquina que garantiza los mismos, como si los derechos fueran la gran panacea de la política actual. Siguiendo a Weber, la nueva paradoja ya no es que el Estado se abroga el derecho de usar la violencia legítimamente, ahora él puede violar los derechos en nombre de los derechos sin poder escapar de dicha paradoja.

En consecuencia, pensar si el estado puede ser ético, es soñar con un estado que no se parece en nada a lo que tenemos, con un estado sin la brecha en la ontología, en la que se respetan los turnos, si quieres hablar te conectas desde el internet, te ofrecen café, la policía te escucha, son los primeros en hacer respetar los derechos humanos, el estado garantiza tu salud, tu buen vivir, los burócratas hablan de tus problemas, estamos descentralizados y desconcentrados. El Estado ético es el mayor de los sueños ¿No será éste el comienzo de una las peores pesadillas? 

Tercer sentido, un estado ético vale la pena. Todo lo que tenga la marca de la ética es la solución a los múltiples problemas de la institucionalidad. Un amigo filósofo propuso en algún momento crear para las universidades del Ecuador una especie de ISO de la ética con el objetivo de superar la inmoralidad de estas máquinas coloniales del conocimiento. Seguramente va a hacer posible esta idea. Los mecanismos de calidad total centradas en los productos se han hecho muy comunes en nuestra sociedad. Tenemos ISO de calidad en muchos lados. Qué bueno que una universidad te pueda presentar un ISO de ética. Allí todo el mundo es respetuoso, los edificios son libres de humo, los profesores dejan los autos en el lugar correspondiente, no acosan a las alumnas, cuando emerge algún problema se dialoga. No hay manifestaciones, todos los críticos son expulsados o cercados.

¿Qué esconden estos lugares? La anterior semana una persona negra fue golpeada por los guardias de una universidad privada. Lo confundieron con un ladrón. Esa confusión es muy llamativa. Lo cierto es que esta persona de color negro era parte de un intercambio con una universidad prestigiosa de los estados unidos. La universidad despidió a los guardias, hizo un acto contra el racismo encabezado por el rector. Pero nadie se pregunta por qué en la universidad no hay negros mas allá de los guardias,  no hay indios, más allá de los que cuidan los autos en las calles de la universidad. En efecto, hay una naturalización de las condiciones sociales y discriminatorias mientras se lucha contra el racismo, gracias a que hay una minoría negra perteneciente a otra clase social.

La ética se convierte en la manera como un estado reivindica su presencia. Lo que más me preocupa es lo que se entiende por ética. La ética es el cumplimiento de las leyes. La ley no es lo que combate el crimen, la ley no es solamente la generadora de lo ilegal como lo era para Michel Foucault, la ley es el crimen absoluto como lo fue para Hegel. Ser ético es cumplir con las leyes, sin embargo, el derecho es lo más cercano al delito. No hay nadie más parecido a un delincuente que un jurista. Si tenemos que elegir entre una ética de cumplimiento de leyes y la inmoralidad de no cumplirlas, nos atreveríamos a decir que causa más daño el cumplimiento de las leyes. Un estado que sigue las leyes produce más discriminaciones, es más arbitrario y legitima más injusticias.

En consecuencia,  el sentido de la pregunta: ¿puede el Estado ser ético? Intenta la legitimación del estado por medio de la ética sin que el estado cambie, sin que deje de ser eso que Deleuze llamaba, la gran máquina molar, sedentaria, incapaz de cambiar.

Para responder a la pregunta sobre si se puede soñar con un Estado ético, voy a proponer tres hipótesis:

  1. La ética es una huida de la negación que ejerce el estado.
  2. La ética una deconstrucción del saber.
  3. Hacia una ética de relaciones y antagonismos.

Por último, algunas conclusiones.  

  1. La huida de la negación y la anulación del nosotros
 

Kant en la Crítica de la Razón Pura habla de tres tipos de juicios cuando se refiere a la cualidad. El primero es el afirmativo: este es un gato. El negativo,  este no es un gato. El infinito, este es un no gato. Luego, uno puede decir que el estado es bueno, así, que el estado no es bueno y, al final que el Estado es no bueno. Escapemos de la lógica kantiana sin abandonar su dialéctica y acerquémonos más a la realidad de los discursos políticos que nos interesan. Entonces, el Estado es el nuevo contrato de la sociedad, luego, el Estado no es el contrato porque ha sido instrumento hegemónico del poder, y por último, el Estado es ético, es decir desaparece la política en la ética sin dejar de ser Estado. Esta es la proposición infinita, porque no negamos al Estado, lo podemos dejar en cualquier lado. La ética puede significar muchas cosas y no significar nada.  Si decir que este es un no gato es igual a afirmar que puede existir un estado ético es admitir que con ello se pretende evadir la contradicción de la negación.

Obama, en un discurso dado en Philadelfia contra el reverendo Wrigth,  habló de una nueva época en donde no tenemos que hablar de las cosas negativas, debemos invitar a todos, negros y blancos, a superar los conflictos raciales. Porque estamos en una época pos-racional, no debemos hablar de lo malo, sólo de las cosas buenas, América debe ser el país de las oportunidades. La ética no está en situación, no somos de determinada manera por condiciones socio-económicas, culturales y políticas. La ética es un producto light en una sociedad donde todos nos sentimos bien, trabajamos para hacer de América el Imperio que siempre ha sido y ha querido ser. Así, la negatividad queda sepultada en el discurso de Obama.

La política ética nos invita hoy al bien absoluto. ¿Qué significa? Una primera consecuencia es la ética sin necesidad de abolir las contradicciones de la realidad. No hablamos mal de las relaciones de injusticia de los otros, de las causas estructurales, de la lucha  de clases, el problema central es no ser éticos. Buscamos el sujeto ético y como la ética ha sido liberada de las contradicciones, no  existe la política porque la ética ha tomado su lugar. El mejor ejemplo de dicha situación son los medios de comunicación y su negación del sujeto político desde un lugar de enunciación negado. Ellos gozan en la demostración de la no existencia del sujeto puro político y en la visión moralizadora anulan la política mientras acentúan las reglas de la globalización. De esta manera el aparecimiento del sujeto queda minado.

Estamos interesados en el bien absoluto en la medida que hemos destruido la verdad. Uno de mis amigos filósofos estuvo trabajando en el Estado en los últimos meses. Decidió renunciar hace unos días porque se sentía como un parásito - creo que todos deberíamos estudiar en algún momento las sensaciones vividas cuando se está dentro del Estado. Sentirse parásito es muy común, además de otras como la sensación de impotencia y delirio sobre la eterna discusión entre lo importante y lo urgente, o el aprender a vivir sin interesarse por nada, o tener conciencia de tener, poder y gozar perversamente con ello. Pues bien, él decide renunciar porque se siente un parásito y va donde su jefe y le confiesa lo inconfesable. La respuesta de su jefe  fue: mira no seas tan objetivo.

En cierta forma, pasamos de la verdad relativa a la preocupación por el bien absoluto. Los medios entierran la verdad gracias a dos situaciones: la confusión sustancial y anti-platónica entre la verdad y la doxa y la revolución cibernética que intencionalmente fusiona el conocimiento con la información. El espectáculo de la verdad de los medios es un asunto  deprimente, lo mismo que las afirmaciones del software libre y los conocimientos democráticos. Pero, ¿por qué nos interesa estar en el bien absoluto?

Estar en el bien absoluto es poder acercarnos a los acontecimientos sin ver una sucesión causal e histórica. Las preocupaciones por la moralización del Estado son un asunto de nuevos decretos, nuevas instituciones, de un control del control del control –hasta el infinito-, de personas con carácter fuerte que se mueven en lugares artificialmente neutrales, -como en el film los intocables que luchan contra la mafia del alcohol en los años 30 del siglo pasado- y de padres autoritarios conocedores del qué hacer. En efecto, el autoritarismo ingresa en la actualidad con la ética.

La preponderancia del bien absoluto genera una manera particular de articulación entre el sentido y la idea. Uno termina por creer que el sentido es la idea, por tal motivo, no tenemos necesidad de ideas o solo nos quedamos con las ideas que nos lleven al sentido. La hegemonía funciona dentro del sentido. Ella opera de mejor manera en el corazón del bien absoluto, así, lo afirma Jean Baudrillard.

No confundamos el poder, la dominación y la hegemonía. La hegemonía está más allá del poder, aunque dependa de él. La dominación se define por las relaciones de oposición y las relaciones de poder disimétricas. El caso típico es la dialéctica del amo y el esclavo de Kojeve. La lucha por el reconocimiento implica la violencia. La hegemonía hoy no recurre a la violencia, su arma es la ética generada por medio de una psicología pop norte-americana y su biologicismo a ultranza.

Francis Fukuyama descubrió que el reconocimiento tenía relación con los niveles de serotonina del cerebro. En tal medida, todos podemos sentirnos reconocidos con un poco de Prozac y Zoloft sin tener que pasar por la arena del reconocimiento. Los discursos de los multi-culturalistas son la reivindicación de las diversidades en un mundo, imaginado bajo un gran equilibrio, eliminando las contradicciones y sus antagonismos. Todos podemos vivir bien, es solo una cuestión de cultura ciudadana, insertar el género, reconocer el derecho de los homosexuales y lesbianas, organizar la pobreza y todo va bien.

La hegemonía no tiene necesidad de los contrarios, de lo adverso. Ella existe sin la necesidad de antagonismos. La ética frente a la propaganda moral de la ausencia de valores, es totalmente hegemónica. Dentro del mundo de la ética, no tenemos necesidad de preguntarnos sobre los efectos del capital. Por ejemplo, una Municipalidad puede pensar en mejorar las cosas colocando en determinados lugares y con ciertas prendas a los heladeros. Es por tal motivo que junto al término de excluidos aparecen los auto-excluidos y las víctimas, términos que advierten sobre una situación legítima por sí misma.

Con la  ética ya no tenemos necesidad de dividir como en la dominación. La ética vive liberada de la pregunta por la dominación y el poder. En consecuencia, la ética no tiene un para quién, no vale la pregunta de: ¿dictada por quiénes? Esa es una pregunta poco correcta.

La hegemonía borra el antagonismo de la ética. No hay una ética para los esclavos y una ética para los amos. Las luchas por la honestidad suelen reunir a las señoras burguesas bajo el concepto de la dignidad desde la motivación de la vergüenza. Es una ética igual para todos. Los problemas se generan por la falta de comunicación. La ética urgente es el dialogo y a la política se lleva por consensos. La ética nos hace creer que la buena política se válida en la transparencia. Nadie nos puede robar, el no robo es un derecho de la propiedad privada. Mientras tanto cada uno tiene derecho a hacer con su dinero lo que quiera.

Los tiempos del bien absoluto excomulgan todo lugar fuera del intercambio. El terrorismo es un estar fuera del bien. Lo que queda fuera es lo incapaz de negociar. El mal de los males es el afuera de los derechos y la ciudadanía. Dentro de la hegemonía no es raro que estén al mando los buenos, los que no demuestren mal alguno. En consecuencia, confiamos en la política de los que no hacen política. Resucitamos a la inmaculada concepción de la ética, por el mal ladrón del Gólgota. Los gobiernos garantizan el intercambio,  por eso es tan importante la comunicación hoy en la política.

El afuera de la ética es el delincuente cuando en la verdad era el ignorante. De esta manera eliminamos el mal. El mal no existe dentro de la ética. En las cruzadas mundiales por la ética, el bien no tiene necesidad de mal para existir, la positividad no tiene necesidad de la negatividad. Los que no van con nosotros son desadaptados, -así se les suele llamar a las violencias en los estadios-. El problema de los migrantes es que no siguen las reglas de la migración y caen en las redes de los coyoteros, el problema de los ecologistas es que son terroristas del medio ambiente y de los indígenas, infantiles críticos que no están dispuestos a dialogar, y de las violaciones de derechos, que el poder no tenga la delicadeza de reconocer sus derechos.

La eliminación de la negatividad en la ética provoca que todos los acontecimientos violentos aparezcan como eventos residuales y excepciones arcaicas. Un alcalde no sabe por qué los vendedores informales no se institucionalizan comenzando por colocarse en los lugares destinados por la alcaldía. Un gobernante ya no ve sentido a las manifestaciones. Todos los que se salen del diálogo son terroristas.

Huimos de la negatividad con el bien absoluto porque no queremos enfrentar la contradicción absoluta y nos cansamos de su verdad. El mundo que Marx entrevió impulsado por el trabajo negativo, por el motor de las contradicciones, ha sido logrado. De pronto estamos en todo lo que queríamos, a pesar del sentimiento de haber sido traicionados; el problema es que estamos en su cumplimiento. Las cosas pueden existir sin necesidad de su contrario. Podemos tener un gobierno electrónico, lo masculino se las puede arreglar con lo femenino, el desarrollo puede ser sustentable, la línea ha sido borrada, no hay opuestos, y en esta medida con la ética triunfando no nos damos cuenta que el mundo ya no tiene necesidad de nosotros mientras las información ha triunfado sobre el conocimiento.  

  1. Hacia una ética en nuevas relaciones con el saber
 

Una de las dificultades de la ética contemporánea ha sido el todavía predominio de la Ilustración: el saber define la ética o lo más ético es un tipo de  saber. En las discusiones del TLC en el Ecuador, en el momento que los indígenas se oponían al bloque de los empresarios, fueron rechazados de las mesas de negociación porque no sabían sobre  economía y macro-economía. La oposición nacía en la ignorancia, porque si en realidad conocieran, no se opondrían, pensaban los negociadores. En el fondo lo bueno es lo sabio. Además de ser ideológica dicha forma de interpretar la realidad, tiene una suerte de verdad y es que el saber de por sí es reaccionario, no entra en oposición con nada a pesar de creer oponerse a todo, lo cual si es  un verdadero problema. En efecto, sucedió la subordinación de la ética a la verdad. Lo más razonable se suponía como lo más ético. Este fue uno de los productos más destilados de la Modernidad.

La anulación del juicio de verdad dentro de una sociedad pragmática ha conducido a la separación entre verdad y ética por eso en la ética pública la obsesión es saberlo todo. Todo tiene necesidad de ser transparente. La ética es la transparencia de los proyectos, los concursos. La obscenidad ya no está en lo que es oculto sino en lo que se revela. La paradoja es ya no ocultar escondiendo, ocultamos mostrándolo todo. El superyó ha sido levantado, por eso nos molesta más el autoritarismo que la estupidez. Tiene razón Zizek cuando afirma que la ideología no opera en la mentira o en la distorsión, la ideología se transporta en la verdad. Todo puede ser dicho. Los discursos prohibidos de los años setenta son los guiones de las obras de teatro y del cine hollywodense contemporáneo y hacen parte de la política actual.

Una de las formas en que la ética opera con un saber transparente, es en las confesiones de las violaciones a los derechos humanos. Reconocer la violación es parte de la política de los derechos humanos. Ante tanto saber y exceso de informaciones, la primera paradoja es la que nos trae el pisco-análisis: rechaza la curiosidad aristotélica para recordarnos que lo importante no es saber pues hay cosas que no requieren ser sabidas y la ética hace el  desvío necesario. No es necesario adentrarnos en los vericuetos de las causas, lo importante es la actitud para pedir perdón, se dice en el mundo perverso de la violencia. Pareciera que el panóptico ya no es indispensable. La transparencia es el final del panóptico. La ética arriba al campo en el que los controles son innecesarios gracias a la obesidad de la información.  

El goce de la transparencia nos lleva a preguntarnos por la necesidad de redefinir la razón en su relación con los argumentos, los discursos y los saberes. Sin duda que la ética ya no tiene como fundamento a la razón, pues, colocar a la razón como centro de la ética es un fracaso kantiano. Una nueva salida es replantear la razón desde las relaciones. ¿En qué consiste?  

  1. Hacia una ética de relaciones y antagonismos, sus alcances y sus límites
 

Una nueva paradoja en la ética es su deontología abstracta la cual indirectamente nos sitúa en el fondo de una animalidad desde la cual se insiste en la defensa de la vida biológica, en sus márgenes más básicos. Este fue el caso de la discusión en el seno de la Asamblea Ecuatoriana sobre el derecho al aborto, donde teológicamente las mujeres fueron enjuiciadas con el discurso que las coloca entre María y Eva y en esa medida, el discurso idílico sobre la mujer  termina legitimando la violencia que se hace sobre ellas.

Quizás la nueva mirada sobre la ética debamos buscarla en la entrada epistemológica de Morin quien  propone para la aproximación en lo real tres términos inseparables: concurrencia, complementariedad y antagonismo. En tal  sentido, ¿cuáles son sus límites y alcances?  

Sobre sus alcances: definir la complementariedad es admitir que la política es inseparable de la ética. Una política sin ética es un nuevo tipo de barbarismo. Sin embargo, el ingreso en la pragmática nos hace olvidar el efecto doble: la política bajo la ética y la ética como la de-sustancializacion de la política. La ética sin la política cae en un romanticismo abstracto. El ejercicio de la política nos baja del púlpito de la ética pornográfica para colocarnos en lo que Claude Lefort ha llamado la ontología del movimiento, es decir, en una ética que no puede ser definida de antemano, no solo porque la situación cambie, sino porque el ser es devenir, fugas, derivas, multiplicidades, antagonismos y vacíos. En suma, la ética disuelta en la política es un puro cinismo. La política sirviente de la ética es un desastre.

Las mayores incertidumbres y contradicciones se encuentran en los binomios realismo/ético y realismo/ utopía. Peguy se burló de la moral que no se ensuciaba las manos porque no tenía manos. Una ética que no se enganche con la realidad deviene un puro angelismo. Un realismo político deviene un cinismo. Los estados en sus relaciones se guían por el poder por tal motivo ingresan en el dominio incierto de la ética. Estamos obligados a hacer compromisos. Es importante que la ética no sea reductible al realismo. La ética es una locura. Los irrealismos tienden a ser fuertes realismos. La ética es un principio irrealista que se puede convertir, es estructurante de las condiciones objetivas. En efecto, no hagamos disyunción de la ética y la política pero tampoco las confundamos.

La complementariedad no evade el antagonismo. La ética es un asunto incomodo para la política y viceversa. En sentido estricto es muy difícil que haya algo como una política ética como una ética política que no implique una lucha antagónica. La incomodidad permanente es la mejor señal de su relacionamiento.

El desafío  de la complementariedad y la concurrencia es la integración del antagonismo en los tiempos del goce. El principio de exclusión no se puede separar del principio de inclusión. El altruismo es importante pero eso indica también que no hay construcción de las personas sino desde el egoísmo. La lucha contra el egoísmo es abogar por un cierre ontológico. Pero la mayor hipocresía es el altruismo a  voces. La moral de servicio suele unirse en la idolatría por el solipsismo de yo.

Desde este punto de vista, el ataque al deber es visto como un ataque a un conjunto de ideas místicas. La pregunta es si la ética aceptaría sus contenidos anti-éticos, es decir, la prohibición de la gula es la gula, el no matar, es igual al no matar de Kiewslosky. El conatus de Spinoza de permanencia en el ser es igual a un escape al agujero ontológico. Esta discusión es relevante para la discusión entre el realismo y el idealismo político.

Para Edgar Morin, la libertad, la igualdad y la fraternidad es una fuente mística y no racional. ¿Puede existir una ética sin fuentes místicas? El énfasis en la libertad destruye la igualdad; el énfasis en la igualdad coloca en tensión la libertad. La fraternidad implica un desequilibrio en la igualdad. Luego, la ética no es posible cuando se superan los egoísmos,  tenemos que aceptar la tensión entre los tres, porque la fraternidad tiene derivaciones y algunas de ellas son altamente cínicas como las que suceden entre el Presidente de Colombia –Álvaro Uribe- y el Presidente de Ecuador –Rafael Correa- Uribe con Correa, dos países hermanos, pero el primero es el hermano mayor y Ecuador, el hermano menor.

Las éticas con fuentes seculares nos solucionan muchos problemas originados por la religión y la presencia de las iglesias en el ámbito público, sin embargo, nos origina otros. Por ejemplo, las éticas seculares combaten las solidaridades tradicionales y desarrollan un increíble individualismo. Además se provoca estragos de culpabilidad y angustia. De la misma manera nos hace pensar en guerras por las patria –mito moderno- mientras en los periodos de paz los egoísmos abundan.

Uno de los límites del relacionamiento propuesto por Morin es caer en un eclecticismo cínico: necesitamos una ética de los negocios corriendo el riesgo que la ética sea el mejor de los negocios. El problema no es el mercado, es que el mercado se convirtió en inmoral, entonces moralicemos el mercado, convirtamos a la explotación del hombre por el hombre en algo ético. Si la modernidad separa la economía, la ciencia, el arte y la  ética, juntémosla. El príncipe de Maquiavelo ya no está obligado a obedecer a la utilidad y la eficacia, podemos seguir siendo eficaces pero con ética.  
 
 
 

  1. Conclusión.

    Cuatro ideas a manera de conclusión

  • Requerimos de otras fuentes o de hacer una ética sin fuentes, no lo sabemos. Si sabemos que las grandes fuentes de la ética ya no irrigan: la fuente individual  se asfixia en el egoísmo; la fuente comunitaria vive deshidratada por la degradación de las solidaridades; la fuente social es alterada por las compartimentaciones, burocratizaciones, atomizaciones de la realidad y aquejada por las diversas corrupciones. El desarrollo a ultranza del individualismo ha conducido al nihilismo, la nostalgia de la comunidad lleva al retorno de los antiguos fundamentalismos, el comunismo creó una religión terrenal en la que todo lo que se hiciera por la revolución era moral. ¿Cuál ética para estos tiempos de indignación e impotencia?
  • Para superar la crisis que genera la ausencia de la ética y su presencia aislada, es por medio de las relaciones. La crisis de la ética es una crisis de religación, dice Morin, entre individuo, especie y sociedad. Una religación que es complementaria, concurrente y antagonista.
  • La pregunta por la ética va de lado con la pregunta por la  víctima de la política contemporánea. La política contemporánea coloca al goce como factor, afirma Zizek. Gozamos en la política y nuestro rostro puede adquirir una expresión de terror que consiste en advertir el placer que sentimos con la violencia que sufren los otros y las otras. Lo que más nos espanta no es el dolor que se imprime a los otros, es la satisfacción encontrada en ello (descrito por Freud en El hombre de las Ratas) Comportarnos como víctimas crea una satisfacción narcisista. Los Medios de Comunicación, el arte, compite, en general, por encontrar cosas repulsivas, niños lacerados, prisioneros condenados a muerte. Los medios no se fijan en los esfuerzos de la población para llevar una vida normal en medio de la anormalidad en la que vivimos. En efecto, hay una relación entre violencia y . jouissance femenine
  • Para terminar, en el film Casa Blanca en la escena final, el capitán Renaud abre una botella de vino marca Vicky para celebrar la muerte del general alemán asesinado por Ricks un norteamericano que vive como el auténtico diplomático, -no meterse en nada que lo comprometa y menos el amor-. El capitán Renaud quería una celebración nacionalista con un vino cuya marca recordó a una de las mayores traiciones nacionalistas. Al ser consciente del verdadero crimen, lanza la botella al basurero y decide seguir caminando junto a Ricks mientras hablan del pago de los 10000 francos por la apuesta sobre la escapatoria de Víctor. En cierto modo la ética es una lobotomía a la política pero sobre todo no es la vuelta del sujeto sino su aniquilación.
 

Muchas gracias por su escucha

Bahia Blanca, Argentina noviembre 6 del 2008